Robot, pulpo, mujer

Carolina Ardila
2 min readFeb 27, 2024

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A veces soy un robot con inteligencia y emociones no artificiales. Un robot que da abrazos y los pide. Yo envío el comando verbal, “abrazo de robot”, acompañado de ojos grandes en búsqueda de cariño.

La operación entonces es: pararse derecho, manos a los lados, luego las levantas hasta que queden horizontales. Yo me acerco y pongo las dos manos a la altura de mi pecho en dirección hacia ti, con los codos pegados al torso. Estiro los brazos de manera que tu cuerpo quede entre mis brazos rectos.

Tú, el receptor o receptora, baja los brazos, quedando paralelos al torso. Yo cierro los míos, y pongo mi cabeza en tu pecho. Dos piezas que encajan. ¿Un robot sin corazón? o más bien, con un corazón acorazado, con un pum-pum mecánico.

A veces soy un pulpo y tú eres mi presa. Ya te lo imaginarás. Acostado o de pie, yo te rodeo con manos y piernas, inmovilizándote. Me agarro y me enrollo, tal cual como un molusco, con todas mis extremidades, y cada centímetro de mi piel que te toca está lleno de chuponcitos, ventosas que le dicen, y tú te rindes a mis cursilerías.

Mi cabeza entre tu hombro y tu cuello, y cuando menos te lo esperas, mis labios te hacen cosquillas en las orejas, las mejillas, la barbilla, las comisuras de tus ojos y labios. A veces soy un pulpo, con tres corazones, porque uno no basta, todos latiendo. Uno tranquilo, uno ansioso y acelerado, otro sencillamente enamorado.

A veces soy solo una mujer. Una mujer acostada a un lado de ti, que como una enredadera, enrolla sus piernas a las tuyas y los brazos a tu pecho. Una mujer que pone una mano y su oído para sentir tus latidos y tu respiración. Para un momento de calma. Para corroborar que estamos vivos. Más vivos juntos. Con un corazón que tal vez un día sufra de arritmia. Un corazón que en proximidad con el tuyo hace música.

A veces soy un robot. A veces soy un pulpo. A veces solo soy una mujer. Y en todas mis formas quiero rendirme, derretirme y fundirme, en un abrazo contigo.

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Carolina Ardila

Como diría Alicia, la del país de las maravillas: A duras penas se quién soy. Se quién era cuando me levanté, pero he cambiado varias veces desde entonces.